La emoción, fundamental para aprender.

La emoción está en el origen de todo lo que hacemos. O casi todo. Nuestras hijos, ¿se emocionan antes ir a la escuela porque van a disfrutar, a pasarla bien? Si mindfulness ayuda a gestionar emociones – esenciales para la vida-, ¿por qué la dejamos fuera en los contenidos educativos?

Consultando los desastrosos resultados PISA del área de matemáticas, ciencia, lectura en México, nos preguntamos, ¿qué hicimos con tanto tiempo invertido en la escuela? La raíz cuadrada, ¿nos ha ayudado a conseguir  una buena negociación? Las divisiones de nueve dígitos, ¿han sido fundamentales a la hora de liderar un proyecto?

Antes de todo, esto no es un alegato contra las matemáticas o la ciencia en la escuela. Al contrario. Es una llamada de atención a aplicar, en la reforma educativa,  elementos necesarios y divertidos para las generaciones venideras.

Estudié una ingeniería, debido a la serie Cosmos de Carl Sagan,  que explicaba la ciencia de aquel entonces de manera agradable, sencilla, asequible a todo mundo; a mi, un niño de 12 años. También, sirvió un profesor de física que lejos de presentar la ciencia como algo aburrido, hacía los exámenes así:

Un estudiante de nuestra preparatoria,  decidido a comprobar por sí mismo las leyes de gravedad, se arroja desde un edificio de 300 mts. de altura. Cinco segundos más tarde, aparece Superman en escena.

  • ¿Cuánto tiempo tardará nuestro héroe en llegar al suelo en el preciso instante de evitar que el estudiante choque con el piso?
  • ¿Cuál será su velocidad en ese momento?”

La ciencia fue algo divertido, amigable. Hice experimentos de electricidad, de física que no requerían matemáticas, sólo focos de led, cables, baterías. Imaginación. Nada de eso aprendí en la escuela, sino en casa. ¿Qué habría ocurrido si en la escuela, me fomentaran ese amor por la ingeniería desde la primaria?

Group of bored pupils in a classroom, during lesson.

Mindfulness en el aula

Mindfulness sirve para gestionar emociones. Separar las buenas de las malas, fomentando aquellas y minimizando estas. Sin esfuerzo, hacemos lo que amamos. Nos cuesta hacer lo que no nos gusta, que también es parte de la vida.

Es relevante que el arte no se origina en el intelecto, sino en la emoción. Una emoción bien conducida, encaminada, Sin embargo, el arte ha sido sistemáticamente eliminado de la instrucción, en favor de las ciencias exactas, puras. Sin embargo, esto ha sido cuestionado por dos profesoras en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Luego de estudiar cómo es que el cerebro aprende, se percataron que para tener mejores resultados educativos, la instrucción ha de ser EMOCIONANTE. El arte, en ese sentido, es ideal para ello. Abandonando las estructuras pedagógicas tradicionales basadas en el dolor, el malestar (“la letra con sangre entra“), el paradigma que ellas manejan es generar placer en el aprendizaje y así, el esfuerzo y la constancia aparecerán sin esfuerzo, de manera automática.

Si alguien está interesado en leer más, este artículo de El País arroja más luz a este respecto.

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